Contrato Social por la Educación

Inclusión educativa en Ecuador, no todos están listos

Inclusión educativa en Ecuador, pese a la ley, no todos están listos

Las primeras inscripciones automatizadas que se hicieron en el sistema público educativo ecuatoriano fueron en el año lectivo 2014-2015, y fue un proceso difícil porque se incluyeron muchísimos más niños de los que se habían inscrito en años anteriores, y ahí también estaba la población de niños con necesidades educativas especiales (NEE).

Para entonces ya se contemplaba la obligatoriedad, para la educación fiscal, fiscomisional, municipal y particular, de matricular a niños con necesidades educativas especiales con discapacidad y sin discapacidad, según la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI), emitida en el 2011.

En el título 1 de la LOEI, entre los principios en que se desarrolla la actividad educativa, está el de Equidad e inclusión, que dice: “La equidad e inclusión aseguran a todas las personas el acceso, permanencia y culminación en el sistema educativo. Garantiza la igualdad de oportunidades a comunidades, pueblos, nacionalidades y grupos con necesidades educativas especiales y desarrolla una ética de la inclusión con medidas de acción afirmativa y una cultura escolar incluyente en la teoría y la práctica en base a la equidad, erradicando toda forma de discriminación”.

“En el 2014, con todas esas inscripciones, fue que se tomó conciencia de la inclusión, sobre todo en la educación fiscal, que se planteó esta interrogante: ‘los queríamos, ya llegaron, ya los tenemos ¿y ahora qué hacemos?”, dice María Dolores Cedeño, quien entre el 2012 y 2013 trabajó como asesora del Ministerio de Educación en el área de inclusión y también como subsecretaria de Educación de la Zona 8. Cedeño fue fundadora y rectora por muchos años del Crear, que junto con el Liceo Los Andes son dos colegios referentes de la educación inclusiva en la ciudad y el país.

Sin embargo, Cedeño, que es psicóloga educativa con amplia experiencia, indica que ya existían, desde el 2013, las reglas del cómo lo vamos a hacer través de la Normativa referente a la atención a los estudiantes con necesidades educativas especiales en establecimientos de educación ordinaria o en instituciones educativas especializadas, en la cual ella participó en su creación.

“No había existido antes el cómo”, resalta Cedeño, que refiere que es en la LOEI que empieza a usarse la palabra inclusión, pues en la ley de educación anterior se hablaba de integración.

Cedeño recuerda que ya por los 90 existía una corriente de movilización en torno a los chicos con dificultades de aprendizaje, “pero realmente es a partir de la LOEI, la ley que vino con el presidente Correa (Rafael) cuando se materializa el tema de la inclusión un poco más, sobre todo en las escuelas fiscales, con la obligatoriedad de la matrícula”.

“Fue bastante bueno, sin embargo creo que la educación fiscal pudo responder, no de mejor manera, pero sí un poco más forzada por la misma ley ante la demanda, sin que esta sea realmente cubierta, porque una cosa es que se esté matriculando a los niños con NEE y otra es que se les esté dando lo que necesiten, porque la pregunta que se hace el docente es qué hago yo con el niño en la clase; porque no se hizo el proceso a la inversa, primero preparar y luego incluir, y ese ha sido un problema, de hecho muchas escuelas y colegios particulares no se han acogido, dicen no hacemos inclusión, no sabemos, no tenemos cómo”, dice la exfuncionaria.

Cedeño cree que en muchas instituciones no hay la voluntad de capacitar a su personal, pero piensa que hay una corriente capacitadora por parte de otros y que las universidades han apoyado este proceso al incluir en sus mallas curriculares asignaturas de inclusión.

A nivel fiscal, la formación de maestros empezó en el 2014 con cursos de sensibilización en discapacidades, inclusión educativa, educación especial inclusiva y actualización pedagógica, inclusión educativa y aprendizaje sostenible. Desde el 2014 hasta el 2018 se han capacitado 94.348 maestros, según un informe de la Subsecretaría de Educación Especializada e Inclusiva.

Entre los obstáculos para garantizar el acceso a la educación inclusiva, según la propia subsecretaría, están la falta de orientación a padres de familia frente al reconocimiento de las fortalezas y potencialidades de sus representados, factores socioeconómicos que impiden a los niños acudir a las instituciones educativas, identificación o diagnóstico tardío de la discapacidad.

Apuntes

Adaptación: La inclusión educativa responde a toda la gama de diversidad de aprendizaje de los estudiantes, independientemente de su condición, por lo que la institución educativa es la responsable de adaptar su currículo al estudiante y no al revés, según la página web del Ministerio de Educación.

Objetivos: La educación inclusiva tiene como objetivos, entre otros, los siguientes:

a) Fomentar en la cultura el respeto a la diferencia, la tolerancia, la solidaridad, la convivencia armónica y la práctica del diálogo y resolución de conflictos;

b) Eliminar las barreras del aprendizaje asociadas a infraestructura, funcionamiento institucional, sistemas de comunicación, recursos didácticos, currículo, docentes, contexto geográfico y cultural; y,

c) Formar ciudadanos autónomos, independientes, capaces de actuar activa y participativamente en el ámbito social y laboral, según la Normativa referente a la atención a los estudiantes con necesidades educativas especiales.

‘Se hace más integración que inclusión’

“Hay una ley que legitima la posibilidad de la inclusión. Se podría decir que en Ecuador, a nivel de las culturas y las políticas, el Estado se maneja de forma inclusiva, a nivel de la práctica su accionar es más bien integrador”, dice la psicóloga Diana Donoso Figueiredo, quien hizo la tesis La educación inclusiva en el marco legal del Ecuador: ¿responden las leyes ecuatorianas a las necesidad del modelo inclusivo?, en la Universidad Complutense de Madrid, por el máster en Estudios Avanzados en Educación Social.

Donoso también sostiene que la misma ley no en todo su contenido es inclusiva, sino integradora. “La educación inclusiva se distingue de la integración debido a que la primera es un proyecto de lucha política y cambio cultural, y la segunda, no cuestiona la cultura dominante, sino que crea paliativos para trabajar con el sujeto ‘diferente’”,  aclara.

Aunque reconoce que hay evidencias, como el nuevo currículo y la preparación de los docentes, de que el nuevo sistema educativo busca responder a la ley, considera que deben darse cambios, pues “las personas suelen pensar que la educación inclusiva está dirigida únicamente para los chicos con necesidades educativas especiales, pero es mucho más que eso, es un intento de cambiar el sistema educativo a uno que dé respuestas a todos, me refiero a los estudiantes en general, a los  buenos estudiantes, a los malos, los que son superdotados, los que les gusta hacer deportes, los que odian los deportes, los que son muy buenos en música, a los que les va mejor haciendo presentaciones orales y a los que no”.

Resalta que la educación inclusiva “no se trata de dar respuestas paliativas a las necesidades de los sujetos, por ejemplo: darle clases extras al estudiante al cual se le dificultan las matemáticas para que pueda cumplir con las exigencias de la materia, o separar a los chicos con alguna discapacidad, juntándolos todos en una clase donde puedas recibir tutorías para que ‘entiendan’ la materia. La educación inclusiva es que el maestro de matemáticas pueda hacer diferentes actividades en su clase, para todos”. (I)

Fuente: Diario El Universo

 

Imagen referencial. Contrato Social por la Educación

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