Contrato Social por la Educación

Reflexiones | VIOLENCIA, NEGACIÓN E INDIFERENCIA

VIOLENCIA, NEGACIÓN E INDIFERENCIA

Sybel Martínez Reinoso

Presidenta del Grupo Rescate Escolar/ Vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos

Vamos tres decretos de emergencia traducidos en días y días de confinamiento de millones de niñas, niños y adolescentes, que al igual que los adultos, sienten preocupación por sus seres queridos, resuenan con las emociones de sus padres, luchan con el estrés de la educación en línea, con la nostalgia de no compartir con sus compañeros; y, cuya salud mental ha sufrido con el encierro.

Las violencias en su contra tampoco se han detenido por la calamidad pública ni por el virus. Abusos sexuales, suicidios, violencia digital, malos tratos entre tantos otros flagelos van marcando sus vidas a lo largo de esta experiencia atípica.

En lo que va de la pandemia se han registrado 15 muertes violentas, 7 niños y 8 niñas, la mayoría en manos de quienes debían cuidarlos, sino pudo ser con amor al menos  con decencia humana. 200 niñas, niños y adolescentes, 70% niñas, han desaparecido voluntariamente, dicen las autoridades que “se han ido con sus novios”, romantizando así la explotación sexual y el matrimonio infantil. 110 delitos sexuales en su contra registra la Fiscalía General del Estado mientras que la Policía Nacional habla de al menos 20 casos de acoso sexual cibernético.

A esto horribles datos se suman otras vulneraciones a sus derechos, igual de violentas, igual de dolorosas, que han terminado por afectar su salud, su educación y su seguridad alimentaria.

¡No basta con la consternación generalizada¡ Debemos volver la mirada a nuestras niñez y adolescencia para protegerlos. Las tasas de contagio de  COVID-19  y  la  mortalidad  en  la  infancia pueden ser bajas pero en ningún caso tan insignificantes como para descuidarlos e invisivilizarlos.

En estos días afónicos donde lo más doloroso, lesivo y caótico debería encontrar consuelo y cause, nuestras niñas, niños y adolescentes se han topado con muros de piedras y púas. En nombre de su maleabilidad, hemos confundido resiliencia con resistencia al maltrato y a cualquier otra adversidad.

La indolencia se ha sentido en el discurso y en las decisiones y omisiones del Gobierno, al punto de devaluar sus vidas. La indefensión y la precariedad que han debido enfrentar ha sido tanta, que hasta la misma muerte quisiera morir de pena viendo su sufrimiento.

No hemos sido capaces de cuidarlos peor aun de socorrerlos. El Estado y su responsabilidad irrecusable de protegerlos, es un ejercicio brutal de indiferencia y negación de su existencia.

Tanta, tanta violencia. Tanto asedio a su cordura y ninguna respuesta. ¿Cómo concebirnos como un país democrático y civilizado cuando quienes más atención y cuidado merecían durante esta pandemia son quienes han terminado siendo casi invisibles? ¡Alcemos la voz, hasta que se trate de nuestros niños!

Contrato Social por la Educación en el Ecuador

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