Contrato Social por la Educación

Reflexiones | ELOGIO DEL PLURILINGÜISMO

ELOGIO DEL PLURILINGÜISMO

Armando Muyolema

En algún punto del futuro, los historiadores de ese tiempo encuentran en los archivos de un lugar llamado los Andes, un conjunto de documentos históricos que hablan profusamente del sumak kawsay. El descubrimiento es intrigante porque se dan cuenta de que este sintagma, ajeno a su contexto discursivo, llegó a tener una amplia difusión translingüística, alimentó utopías transculturales y fue postulado como un paradigma alternativo al neoliberalismo tardío. Hurgando en los documentos descubren que tan potente concepto es un fragmento desgajado de una de las lenguas en peligro de extinción en los albores del siglo XXI. La hipótesis lógica de los historiadores es ¿por qué los expertos se centraron solo en un fragmento semántico y descuidaron la lengua matriz en peligro de extinción? ¿Por qué ante el descubrimiento de un paradigma de vida alternativo contenido en dos palabras se descuidó la generación de políticas lingüísticas y culturales que aseguren que esta lengua y otras que podían tener en su seno potencialidades análogas tengan un lugar en el futuro?

Situados en los albores del siglo XXI, resalta un elemento esencial: la desaparición de las lenguas conlleva la desaparición de mundos posibles. La buena fortuna epistémica que ha tenido la noción de sumak kawsay (extraída de sus contextos semánticos) debe abrir nuestra comprensión de la naturaleza de los lenguajes humanos: estos no se agotan en la función comunicativa. Las lenguas son maneras cómo las distintas sociedades humanas han codificado la realidad; digamos, las relaciones sociales, sus instituciones y los modos de habitar y situarse a sí mismas en el mundo. Las lenguas contienen las memorias colectivas y nutren y delimitan la imaginación.  Son universos significativos que nos contienen, pero son las sociedades los agentes que transforman y aseguran su vitalidad y su duración en el tiempo. Por tanto, las lenguas no mueren sino pierden vigencia cuando sus hablantes dejan de hablarlas.

En el Ecuador de hoy, se cuentan 14 lenguas minorizadas. Su vitalidad y su sostenibilidad están amenazadas por la secular violencia simbólica circundante, los extractivismos materiales (minería, usurpación de tierras, desplazamientos) y epistémicos (apropiación de saberes bajo distintas formas) que destruyen territorios y precarizan la vida colectiva de sus hablantes, agravada ahora mismo por una pandemia que puede causar la extinción de comunidades lingüísticas al segar la vida de sus hablantes.

El rol de la educación es fundamental en la revitalización y mantenimiento de las lenguas minorizadas. Pero no cualquier educación sino aquella que es formulada desde las expectativas y energías endógenas de las comunidades. Ninguna burocracia estatal centralista es compatible con la flexibilidad y autonomía que requiere las políticas lingüísticas y educativas interculturales. Las sociedades como totalidad tienen una responsabilidad inmediata para trastocar la ecología de la violencia simbólica en respeto y empatía; pues, las lenguas son elementos esenciales por las que nos reconocemos como humanos a pesar del racismo secular. Urge la conciencia de que el valor de una lengua tiene que ver más con sus atributos humanos que con su difusión cuantitativa.

 

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