EL PROBLEMA SALARIAL DE LOS PROFESORES ECUATORIANOS
Eduardo Fabara Garzón
Uno de los más graves problemas que afrontan los docentes en su relación con la sociedad es la escasa valoración que esta concede al trabajo magisterial, lo cual no solamente se refleja en los permanentes reclamos que se hacen a través de los medios de comunicación o en la cotidiana tertulia de amigos o familiares, cuanto más en la asignación de recursos para el sector educativo y fundamentalmente en el presupuesto que se destina para el pago de sueldos de los educadores.
En la década anterior, cuando se expidió la nueva Ley de Educación, en la que, uno de los capítulos contiene el Escalafón Docente, muchos educadores vimos con interés y satisfacción el tratamiento salarial que se esperaba dar a los profesores; pero ese fue un espejismo, una falsa ilusión, porque al cabo del tiempo se puso como condición que todos los profesores fiscales debían recategorizarse, lo cual significaba volver a cumplir y a presentar requisitos, como que si nunca se hubiera trabajado; esto ha llevado a que cerca del 80% del magisterio se mantenga en la Categoría G, que es la inicial, con un sueldo mensual de $817 dólares, en igualdad de condiciones al de Servidor Público 1.
Es suficiente comparar este salario, con el que ganan al inicio de su carrera los periodistas profesionales o los contadores, que es de $963 dólares mensuales; los subtenientes del Ejército con $1.250 o los Subtenientes de la Policía con $998,00 mensuales. Sería muy largo enumerar varias profesiones que exigen menor preparación universitaria y que tienen un mejor tratamiento salarial. En todos esos casos, el docente está en inferioridad de condiciones.
El problema es más grave si se toman en cuenta los descuentos: el 9,45% que deben aportar al IESS, más el 8,33% que es la contribución a la Ley de Apoyo Humanitario, lo que significa que actualmente el salario real del 80% de los educadores fiscales es de $671 dólares mensuales, si a eso se suman las obligaciones personales o familiares, inclusive si se compara con el costo de la canasta básica, el sueldo del docente es deficitario.
En una encuesta aplicada por la Sociedad Pedagógica de Chimborazo a 743 profesores en ejercicio, el 71,82% de los encuestados dijo que el salario del docente era el único ingreso que sirve de sustento en el hogar; además un 61,78% dijo que el aislamiento físico decretado por la pandemia significó la pérdida de ingresos adicionales que los educadores tenían en sus hogares. A lo cual habría que sumar los gastos complementarios que significó llevar a cabo el teletrabajo en cada hogar, como compra de computadoras, suscripción al internet, adecuación de espacios para desarrollar las clases virtuales. La gravedad del problema salarial se nota cuando un 88,96% de los encuestados dice que el salario es insuficiente para afrontar el costo de la vida actual.
La situación se ha complicado más en esta temporada en que el Gobierno ha retrasado el pago de los sueldos, un 96,64% de los encuestados piensa que la situación salarial se ha agravado por la incertidumbre generada al no haber regularidad en el pago de los estipendios de trabajo.
En esas condiciones, con la desmotivación que esta situación ha producido, resulta muy difícil promover mayores exigencias, aunque parecería que en estos tiempos de la pandemia, muchos padres de familia que tienen que atender todo el día la educación de sus hijos, recién han aprendido a aquilatar el valor y la trascendencia que tiene la función diaria del maestro. Se esperaría que en algún momento esos criterios lleguen a las autoridades ministeriales y del gobierno.



